- Fecha:February 2nd, 2009
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Ruta del Bakalao: aquellos maravillosos años.
La pastilla era objeto de veneración. En la Zentral, por ejemplo, tenían un láser que, poco a poco, dibujaba una pastilla que luego se movía por todo el local. De repente, al lado, dibujaban un chico, poco a poco también, hasta que llegaba un subidón de ritmo. Entonces el muñeco se ponía la pastilla encima de la boca y se la comía. Luego los ojos se les salían de las órbitas, como en Beetlejuice. Había un tintineo previo, la música pegaba un brinco y entonces todo el mundo de la discoteca se metía las “pasti” a la vez. Siempre había alguien para invitarte, siempre había alguien con coche dispuesto a llevarte a casa. No sé cómo los “camellos” de discoteca hacían negocio, porque dos de cada tres personas traían la droga de casa. Llegó un momento en que el bakalao era la primera opción de ocio para la juventud en Valencia. [...] Había cosas muy evidentes, como un after que se llamaba Hook, en Torrevieja, cuyo parking daba al Aquapark. Hook abría de 7 de la mañana a 4 de la tarde. Allí coincidían, separados sólo por una alambrada, los bakalas totalmente “rotos” y familias normales subiendo las escaleras para tirarse por el tobogán. Los niños con sus flotadores se quedaban flipados oyendo el pum pum pum y mirando a la gente desfasada. En Almoradí, el pueblito de la Zentral, la gente sacaba a pasear al perro y veían los láser de la discoteca dando vueltas, chicas con minifalda, desencajadas, con las gafas de sol”. Seguir leyendo.
Entrevista a Robert Fisk: La Guerra es real.
Suceden varias cosas. En primer lugar, muchos periodistas norteamericanos son incapaces de decir la verdad sobre la situación en Israel y Palestina: a los territorios ocupados se les llama “territorios en disputa”, al muro se le llama “barrera de seguridad” y a un asentamiento se le llama “vecindario” o “puesto avanzado”. Resulta comprensible que un palestino lance una piedra durante una ocupación, en cambio, cuando lo hace en el contexto de una disputa, que parece que se podría resolver mientras se toma el té, demuestra que los palestinos son violentos por naturaleza. Recuerdo que estaba hablando con un editor de televisión en Londres cuando le ofrecieron unas imágenes de Al Jazeera de unos niños heridos por un bombardeo inglés en Basora. El tipo empezó a decir cosas como “no tiene ningún sentido mandarnos estas imágenes” y su primera excusa fue: “No podemos poner esto, la gente estará tomando el té” y, después, “esto es una especie de pornografía, nosotros no ponemos cosas de este estilo”. Lo último que dijo fue: “tenemos que mostrar respeto por los muertos”. No les mostramos ningún respeto cuando están vivos y los volamos en pedazos. [...] Yo estaba en Irak en 1991, cuando los norteamericanos bombardearon una de las autopistas. Todo quedó lleno de mujeres y niños muertos y descuartizados. Pronto comenzaron a llegar perros del de-sierto que se los comieron. Si todos hubieran visto lo que yo vi, a nadie se le ocurriría nunca más apoyar ninguna guerra de ningún tipo contra nadie. Por supuesto, los políticos están encantados de que no se muestren esas imágenes, así la guerra se vuelve más atractiva, menos dolorosa. Seguir leyendo.
Panteras Negras: ¡Es la revolución, baby!
En efecto, aunque cuando se habla de las influencias intelectuales de las Panteras Negras se suele hablar del Libro rojo de Mao, lo cierto es que en aquel momento se dedicaban mayormente a estudiar las leyes del Estado de California y a poner en práctica su derecho legal a ir armados hasta los dientes, siempre que las armas no estuvieran escondidas. De hecho, por mucho que pueda resultar un misterio a ojos de la izquierda europea, la primera aparición pública de las Panteras Negras fuera de sus barrios de origen, en Oakland, tuvo lugar en un acto reivindicativo a favor del sacrosanto derecho del ciudadano norteamericano a caminar por la calle con armas cargadas. Volviendo a Mao, Bobby Seale cuenta que, durante esta primera época, él y Huey se dedicaban a vender el Libro rojo a estudiantes blancos de Berkeley por un dólar y a comprar, cómo no, armas con el dinero que recaudaban. Seale asegura que no lo leyeron hasta un año más tarde. Seguir leyendo.
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