- Fecha:June 17th, 2009
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Un consejo para los análisis de política internacional (y para la vida misma): por favor, contenga su entusiasmo.
Septiembre de 2007. Birmania. Revuelta de los monjes. [El Periódico de Cataluña: La matanza de 3.000 manifestantes en 1988 tardó días en conocerse,
mientras que la actual crisis se retransmite casi al minuto gracias a
internet]
Marzo de 2008. El Tibet. [Visto en LaFlecha.net. Internet se llena de ira antes los disturbios en el Tíbet].
Abril de 2009. Moldavia. [En La Vanguardia, El País y la web de informativos telecinco. La revolución del Twitter. Me quedo con esta entradilla de un periódico argentino: "La increíble historia de Natalia Morar, y cómo organizar un levantamiento con 140 caracteres."]
Siento ser un aguafiestas. No me lo creo. En los tres casos se señaló que Internet iba a cambiar el país. No lo hizo. De momento, para cambiar un gobierno hacen falta algo más que 140 caracteres. Con Irán, un país bastante mayor que los anteriores, las protestas en Internet han tenido más eco. Y han producido aún más entusiasmo que las anteriores.
Esto se lee en Periodistas21 (http://periodistas21.blogspot.com/): “Ciberataques en la revuelta iraní”.
La rebelión ciudadana en Irán está en las calles,
pero también en internet, donde los partidarios de Mir Husein Musaví
aprovechan las herramientas de la revolución social de la web para
sortear la censura y el bloqueo oficial. La revolución no está en
periódicos y televisiones censurados, pero sí en Twitter, convertido en
la mayor herramienta de información y comunicación entre quienes
protestan contra la sospechosa victoria del presidente Mahmud
Ahmadineyad. Y el ciberactivismo desde muchos lugares del mundo se ha
unido en varios ataques contra las webs oficiales.
#IranElection
es la búsqueda más repetida en Twitter los últimos días. Con esa
etiqueta los usuarios identifican los textos y se pueden seguir los
últimos acontecimientos relatados otras webs como Facebook, las fotos
publicadas en Flickr o los vídeos de YouTube.
Esto otro está en el Catalejo, el blog de Sergio Rodríguez en El Mundo (http://www.elmundo.es/elmundo/2009/06/16/catalejo/1245162734.html): “¿Y si Teherán fuese Madrid?”.
Twitter es casi el único servicio de comunicación masiva a través de
Internet a los que resulta relativamente fácil acceder -gracias sobre
todo a su facilidad de uso para terceros-. Además, la compañía del pajarito es una de las pocas solidarias con los disidentes del país asiático. Tanto que incluso han retrasado una actualización crítica del sistema para que coincida con la madrugada en Irán y no en EEUU. Algo que la diferencia de las grandes, que nunca protestan.
Si Teherán fuese Madrid, nos tocaría refugiarnos en los consejos de otros internautas. Por ejemplo, para aprender a utilizar Internet a través de un servidor ‘proxy’
que esquive las restricciones e impida que nos identifiquen. O para
saber que podría ser peligroso usar la etiqueta ‘#IranElection’, que no conviene creer a cualquiera ni descubrir a las fuentes fiables y que es preferible pasarse por prudente que por atrevido.
Netoratón y A Sueldo de Moscú también nos dan diferentes enlaces con los que seguir: “diferentes enlaces a través de los que seguir la revuelta democrática del pueblo iraní contra la extrema derecha confesional:
Son cuatro de los blogs más respetables e interesantes de la blogosfera en castellano. Sin embargo, hay una parte en todo este fenómeno que me rechina. Hagan ustedes una prueba. Salgan a la calle y pregunten al ciudadano corriente qué sabe sobre Twitter. Su uso en España se limita a una capa muy concreta de la población (mayoritariamente joven, mayoritariamente urbana, generalmente con estudios universitarios y con cierta habilidad en el manejo de Internet). Si estamos hablando de muy poca gente aquí… ¿cuántos iraníes tienen blogs o usan Twitter? Y una pregunta más incómoda. ¿Estamos seguros que ese grupo de población es representativo de la sociedad iraní? ¿Y si su opción, el reformista Mir Husein Musavi, no hubiera sido la opción más votada? En defintiva, en Irán tiene más peso una sociedad rural, de escasos recursos, y, por más que nos incomode, más volcada en la religión que en Facebook.
P.D. Todo esto no evita que, si estuviera ahora mismo en Irán, estuviese subiendo videos a Youtube.